Artículo de opinión: estoy harta de que todo el mundo nos diga cómo quiere que seamos las mujeres

No sé si te pasa, pero yo estoy ya bastante harta de ver cada dos por tres entradas e imágenes en las redes sociales que dicen: “Te quiero libre” o “Te quiero feliz” o cosas por el estilo. Yo sé que se supone que tienen buenas intenciones. Pero me tienen frita.

Ana María Caro y su opinión sobre las muejres

¿Por qué será que hay quien se cree con derecho a decirnos cómo nos quiere?

¿No está claro que cada una es como es y punto, y que decir “Te quiero de tal manera” es otra forma de decir “Quiero que seas como yo digo”, aunque ese “como yo digo” sea en apariencia algo bueno?

¿Alguien ha visto alguna de estas frasecitas dirigida a los hombres?

¿Alguien que les diga “Te quiero cualquier cosa”? Yo no…

Llevaba varios días pensando en escribir sobre esto, cuando me encontré en la siguiente situación:

Reunión de profesionales de la sexología, aunque abierta a público general. Calculo unas 100 personas de aforo. Uno de los ponentes es un catedrático mayor (se presentó a sí mismo como jubilado), no sexólogo, que va a hablar sobre machismos.

Se gasta más o menos una hora para decir que las mujeres tenemos dos caminos: en las buenas épocas, podemos aspirar a educarnos, tener un trabajo y ser independientes, y así no tener que aguantar a un hombre al lado, y sobre todo no depender de nadie bajo ninguna circunstancia.

Y en las malas épocas, tenemos que optar por el plan B, o sea casarnos y que nos mantengan, aunque no nos guste la idea. Y encima cierra diciendo que no le cree a las hormonas ni a los instintos. Y claro, ni siquiera menciona la opción de emparejarse con otra mujer.

Ya a mitad de su intervención empecé a tener ese desasosiego que me entra cuando algo me molesta, por decirlo educadamente. De pronto fui consciente de que estaba oyendo a un hombre blanco, mayor y heterosexual hablando desde su superioridad ante un auditorio de mayoría femenina. Y nos estaba diciendo, otra vez, las opciones de vida que tenemos.

Mi molestia aumentó bastante cuando salimos a tomar café, y me encontré a una mujer joven que sé que es madre de un par de peques, con la cara descompuesta y la sensibilidad a flor de piel. Decía que ella había tomado la decisión de quedarse en casa para criar y disfrutar de sus hijxs, que era su decisión libre y que le angustiaba que todo el mundo parecía criticarla por ello. Porque durante ese tiempo quería hacer lo que le pedía la piel, el corazón y la cabeza: disfrutar de la infancia de sus hijxs, acompañarles, amarles, verles crecer. Criarles. Disfrutar de ese tiempo maravilloso que se pasa tan rápido para todos.

Pero resulta que si eliges esa opción, tienes que depender de algún otro proveedor de bienes y dineros que no eres tú misma. Oh, escándalo, hay que rasgarse las vestiduras porque ella tiene que depender de alguien más. Que por ventura es su pareja, su compañero, su amante y su amigo. Pero no. Parece que siempre es su enemigo, el que la va a dejar en la estacada apenas pueda.

Me dio mucha rabia verla así, porque no es la primera vez que veo a una mujer así. Angustiada por no cumplir con lo que nos dicen que tenemos que ser. Me dio rabia porque en los discursos oficiales jamás se reivindica el derecho real a decidir una opción que no es la menos mala, sino una buena. La de emparejarse por gusto y amor. La de confiar en el hombre que tienes al lado.

Luego vemos también a los hombres angustiados porque siempre se les pinta como los malos del paseo. No, no todos los hombres son los malos del paseo. Hay hombres buenos, cariñosos, respetuosos y dulces. Muchos de ellos, yo conozco bastantes. Capaces de amar bien, de cuidar y acompañar, tanto como de proveer sin cobrarse luego las deudas (deudas inexistentes, por supuesto, pero eso no parece fácil de entender).

Entonces no pude estar más de acuerdo con las ideas de la sexología que tanto quiero, la que busca sinergias, encuentros, complicidades. La que propone valores en lugar de enfrentamientos. La que sabe que entre hombres y mujeres hay muchos más valores cultivables que problemas tratables, frase que oí mil veces en Incisex y que es la base maravillosa de mi trabajo. Y la que entiende que las mujeres podemos amar a los hombres y/o a otras mujeres, y no se olvida de ello cuando habla y cuando piensa.

Creo que nunca había escrito aquí de esta manera tan personal y tan de tripas. Pero lo necesitaba.

Soy Ana María Caro, médica sexóloga al frente de Amaturum. Gracias por leerme y llegar hasta aquí. Si te apetece, me gustaría saber tu opinión, puedes dejarla en el formulario. Y claro que puedes compartir esta reflexión si te apetece.

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©Ana María Caro. Este artículo puede ser compartido, reproducido, leído y comentado de cualquier manera, siempre que se cite su origen y autoría.

Comentarios

  1. dice

    Totalmente de acuerdo. No se puede construir desde el enfrentamiento de los sexos, ni se puede caer en generalizaciones, ni se puede enarbolar banderas de igualdad desde el rechazo de otras opciones de vida que hacen caer en los mismos errores que se intentan criticar. Somos únicos y únicas y cada uno verá el modo en que mejor quiera organizarse consigo mismo y con el otro u otra.

    Me encantó tu opinión!

    • dice

      Hola Marisa. Gracias por tu opinión, entre todxs vamos diciendo cosas que van calando, ¡o eso espero!
      La diversidad es buena, de opciones, de decisiones, de formas de ver la vida y de vivirla.
      ¡Ten un día feliz!

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